
Sentada en su cama, con su cabeza y su cuerpo todavía mil por hora por las situaciones vividas durante la noche, llega a la conclusión a la que toda mujer ya llegado, por lo menos, una vez en su vida. Los hombres, como los puñetazos; todos distintos. Y eso que solemos presumir de que todos están cortados por el mismo patrón. ¡Ojalá! La cosa es que todavía no nos hemos dado cuenta de que a ellos tampoco hay quién los entienda.
Ahora solo nos queda pedirles cuentas a su señor creador o, en su defecto, al pequeño primer mono (cabrón) que le dio por “evolucionar”; ya que bien podía habérsele ocurrido venir con un pequeño manual de instrucciones.
Nos pasamos la vida practicando, eso sí a base de ensayo y error para que duela bien; y cuando por fin creemos que empezamos a comprender, en ese momento en el que alguna loca dice (y digo bien, loca): “pero si son más sencillos que el mecanismo de un chupete”; todo se viene abajo.
Todas tus estrategias practicadas en dolorosas sesiones, las estrategias que creías te llevarían hasta la victoria, son las que te enseñarán que necesitas todavía más y que te queda mucho por aprender.
Muy bueno! y no se si sera casualidad que yo pienso lo mismo de ustedes mis adorables histericas.
ResponderEliminarVoy a comprarme un billete para marte que me han dicho que esta lejos de venus.
Un abrazo compañera y te deseo muuuuuucha paciencia.
;)
jajaja
ResponderEliminarmuchas gracias!! yo estoy pensandome lo de venus :)