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viernes, 18 de febrero de 2011

brujita?


¿Cómo se llama ese sentimiento que hace que se estremezca todo tu cuerpo? Ese que hace a tus lagrimales activarse, haciendo que tus ojos tengan ese brillo especialmente triste?

Ese que hace que te apetezca ver esas películas en las que la chica se queda con el chico bueno, solo para torturarnos un poco más.

El que hace que por unos momentos desaparezca esa sonrisa tan propia y permanente en ti. Esa sonrisa que te caracteriza, por la que te reconocen y de la que tanto presumes.

A veces, solo te apetece tirar un poco de ese pequeño carrete de hilo que es nuestra vida para ver que pasará. Tal vez una semana, o un mes. Solo para ver qué pasa. Para saber si aguantaran tus fuerzas contra todo pronóstico.

A veces, solo te apetece que llegue una pequeña brujita de esas que tienen una varita mágica que cura todas las penas, arregla todos los males y seca todas las lágrimas de las niñas soñadoras.

A veces, solo te apetece tirarte en la cama y dejarte llevar. Tal vez leer, tal vez escribir o tal vez llorar. Llorar sin saber muy bien por qué ni por quién. Pero llorar y desahogar todo eso que solo tú sabes que llevas dentro. Llorar, agotarte y entonces caer rendida a Morfeo. A un Morfeo que te lleva a lugares en los que pueden pasar las cosas que no conseguimos que pasen en la realidad. A lugares en los que te sientes con todas tus fuerzas para hacer las locuras, que ya no te quedan en el día a día de la tierra.

Pequeña brujita ven a visitarme.

miércoles, 16 de febrero de 2011

erase una vez...*


Hace tiempo que me siento delante de un folio en blanco con un montón de ganas de contar pequeños cuentos, pero hace el mismo tiempo que no soy capaz de pasar del Erase una vez.

Hace tiempo que siento que tengo un poquito de menos fuerza para dar cada pequeño paso que quiero y me apetece dar. Necesito algún pequeño empujón de vez en cuando. Algún pequeño gesto que me diga que no pierdo el tiempo. Aunque en lo más profundo, sé que no lo hago. Que mereces la pena, que algún día, como dicen en las películas, nos reiremos de todo esto.

martes, 26 de octubre de 2010

alguien...*


No quiero a alguien que me diga lo que quiero oír. Quiero a alguien que me diga la verdad, le gusta más la fada azul que la negra, que me queda mejor el pelo suelto que recogido y que le gusta verme recién salida de la ducha con un moño bien alto, la cara relavada y la toalla como traje.

Quiero a alguien al que le pueda contar lo que me preocupa y alguien que confíe en mí y me cuente sus dudas. Alguien que no tema decirme que no, cuando lo sienta de verdad; que sepa que no me enfado por tonterías y que, si un día lo hago, recuerde que con un simple beso se me olvida.

Alguien que quiera perderse por nuevos lugares conmigo y que se dedique a robarme fotos cuando me pille despistada solo para verme quejarme después.

Alguien que de vez en cuando quiera sorprenderme con cualquier detalle argumentando que solo lo hace porque le gusta ver y provocar mi sonrisa.

Alguien que un sábado me lleve el desayuno a la cama haciéndome chantaje para no sentirse culpable cuando me diga que se va al futbol con sus amigos, pero sobretodo alguien que sepa que no me hacen falta ese tipo de cosas.

Alguien que quiera salir con sus amigos pero que no se vaya a casa a gusto si no me ha visto antes. Alguien que si no me acompaña no se quede tranquilo hasta que le dé el toque de llegada.

Alguien que sea capaz de aguantar un café de chicas aunque solo sea un día para demostrarme que le importan mis tonterías.

Alguien que me sorprenda apareciendo en el lugar que menos espero solo para darme los buenos días o las buenas noches.

Alguien para el que yo sea tan solo un poquito especial.

Alguien que no me lo dé todo porque sabe que me aburriré, pero que tampoco se aproveche de ello. Alguien que me pinche, que me haga cosquillas, que finja enfados y se esconda debajo de la almohada solo para tener una excusa para reconciliarnos.

Alguien que coja aceite y me ofrezca un masaje, pero que luego me reclame el suyo.

Alguien que me bese y me lleve lejos pero que me abrace con fuerza para que no me vaya.

martes, 5 de octubre de 2010

no puedo ir...*


Ella baja las escaleras con las maletas en la mano, nerviosa por el viaje que se le plantea… Necesita decírselo.

-Un momento…

-¿Pasa algo?

-Es que… me dijiste que tuviera fe, pero no consigo encontrarla y necesito una señal

-¿Cómo en esas películas religiosas? ¿Una voz del cielo?

-Solo dime que me quieres, no tienes que contárselo a tu madre, ni al mundo entero, solo a mí…

-….. (silencio)

-No puedo ir

viernes, 17 de septiembre de 2010

vámonos....*



-¿Puedo quitar ya las manos?
-¡No! Te he dicho que esperes, estoy buscando algo.
-¡Vengaaaa!
-Cógelo, venga va. Abre los ojos


(…)


-¡Ábrelo!
- ¿Qué es?
-Tú ábrelo.
- ¿?
- Son dos billetes, para irnos lejos. Donde tú quieras. Si quieres vamos a la estación y cogemos el primer destino que salga, me da igual. Solo quiero escaparme contigo lejos de la realidad diaria, poder abrazarte y besarte por calles que no son las nuestras. Poder sentarme en una terraza a ver a la gente pasar, tomarnos un helado, dar un paseo, cenar en algún sitio tal vez con velas y volver al lugar del que no querré salir cada vez que vea al sol aparecer a través de la ventana.


(de las cosas que me cuenta mi pequeña mente cuando se aburre)

miércoles, 18 de agosto de 2010

soñé...*


El otro día soñé que te encontraba por casualidad. Una sonrisa cómplice y, sin esperarlo, unos brazos me apretaban contra tu cuerpo. Nadie nos miraba, pasábamos desapercibidos y, si por un casual no lo hacíamos, habías decidido en ese momento que te daba igual. Nadie debía explicaciones; como mucho nosotros y a nuestras propias sonrisas.

Soñé que caminábamos por las calles, que tu brazo rodeaba mi hombro y, a veces, mi cadera. Soñé que intentabas darme un beso y yo fingía huir, hasta que acababa por rendirme.

Recuerdo estar a gusto en aquel banco, recuerdo reírme y pensar que en ese momento todo me daba igual.

Soñé que me besabas sin miedo y que apartabas algún mechón rebelde de pelo de mi rostro, solo para acabar haciendo que sonriera y besarme de nuevo.

Fue entonces cuando abrí los ojos y lo comprendí.

(…)

Da igual, una vez más al fin y al cabo, era un simple sueño.

viernes, 6 de agosto de 2010

plof...


Viajé a lugares lejanos pero de vez en cuando algún hombre bien arreglado me recordaba un aroma que hacía que se me pusieran los pelos de punta. Tú aroma. Ese que ahora añoro y que espero no tarde en volver a envolverme. Las ganas de sentirnos de nuevo se acumulan y nos morimos por decírnoslo mientras nuestras manos hacen que los cuerpos se rindan al placer de dejarse sentir. Me muero por sentir. Por sentirte cerca. Por sentirte cerca durante ese día, supuestamente entero, que has decidido, supuestamente, dedicarme. Un día entero para mí. Para la niña que se rendía a pensarte durante interminables paseos por la playa. Para la niña que siempre “presume” de una urticaria, y a la que le horroriza no sentirla si es contigo. Que hace poco me pillaron con cara de tonta cuando normalmente era la que hacia las bromas más infantiles escondiéndome bajo mi intento de no crecer nunca. De no crecer nunca por si no consigo que el mundo sea perfecto. Por si no consigo a nadie casi perfecto para mí. Mi sonrisa se ilumina cuando oigo tu nombre y el brillo de mis ojos hace imposible ocultarlo. Ahora soy yo la que aguanto las bromas del plof plof plof. Esa broma que yo invente para describir la tontería máxima. Esa que ahora, constándome mucho, reconozco en mí. Tu culpa!
Tu culpa y la mía porque no consigo saber qué es lo correcto. Porque digo todo esto como si en el fondo no dudara de cada paso que doy. Como si no me pensara millones de veces cada palabra que pronuncio y cada suspiro que se me escapa.
Como si no tuviera el mayor de los miedos a que volvieras a desaparecer… a que decidieras despertarme del sueño que no te cuento para que se cumpla.

....shhhhhhhhhhhhhhhhh*