Sabes que has hecho lo correcto. Que aunque te costara, te diste cuenta a tiempo. Te arriesgaste y ganaste. ¡Vaya que si ganaste!
Ganaste abrazos, miradas, sonrisas, momentos, besos y te quieros. Perdiste miedos, inseguridades y dudas absurdas. Ganaste complicidad, secretos y confesiones. Perdiste el temor a hacerlo mal y ganaste la libertad de caminar a tu ritmo, de dar los pasos que querías, de correr o de dar saltitos, de incluso detenerte a descansar en cualquier banco del camino, porque ahora sabes que el se parará contigo. Ya no tienes miedo. Sabes que el tampoco tiene prisa, que te esperará o que tal vez te lleve a caballito si ve que lo necesitas.
Sabes que te empujará cuando te encuentres con algún pequeño obstáculo. Y quien dice pequeño dice enorme. Que va a estar ahí, de tu mano. Que te llevará a pasear por todos los caminos de la tierra. De su mano. Lo sabes. Simplemente, lo sabes. Sabes que es él.